El sistema de embrague trabaja continuamente durante la conducción y está sometido a fricción, temperatura y esfuerzos mecánicos. En una configuración convencional, sus principales componentes son el disco de embrague y el plato de presión, junto con el sistema encargado del desembrague. Dependiendo del vehículo, también intervienen elementos como el cojinete, collarín hidráulico o volante de inercia. Su desgaste puede provocar dificultades para transmitir correctamente el par del motor o para realizar los cambios de marcha.